Autor: Thiago Gúzman (1B)
Durante la etapa escolar, los estudiantes suelen tener una parte considerable de su tiempo libre. Sin embargo, muchos niños y jóvenes lo desaprovechan pasando horas en redes sociales, jugando videojuegos o chateando con amigos.
Estas actividades no son negativas en sí mismas, pero el problema aparece cuando se realizan en exceso, ya que, en lugar de dedicar unas dos horas al entretenimiento, muchos jóvenes pasan entre cinco y seis horas diarias frente a una pantalla.
El deporte es una de las actividades extracurriculares más comunes entre los estudiantes, debido a su entretenimiento y experiencia.
El ser humano, por naturaleza, busca constantemente realizar nuevas actividades: entretenerse, aprender, conversar o explorar. No obstante, en la actualidad se observa una tendencia hacia el sedentarismo y la pereza, lo cual es preocupante, ya que el cuerpo humano necesita actividad física para mantener una buena salud y autoestima.
Por ello, es importante incorporar actividades recreativas y formativas a la rutina diaria. Además del entretenimiento digital, se debe reservar tiempo para realizar actividades de interés personal que aporten conocimientos o habilidades útiles para el futuro, ya sean cognitivas o deportivas.
Existen diversos talleres y programas extracurriculares —como electrónica, robótica, básquet, programación, fútbol, oratoria o matemáticas— que suelen ser ofrecidos por las instituciones educativas.
Aun así, la mayoría de los alumnos no aprovechan estas oportunidades, ya sea por falta de interés o por pereza, desperdiciando tiempo valioso que podría servirles para mejorar sus capacidades y descubrir nuevas vocaciones.
Son estas mismas actividades las que nos pueden ayudar a fortalecer valores, como el trabajo en equipo.
Un mito común sobre estas actividades es que provocan estrés o agotamiento. En realidad, ocurre lo contrario: al participar en ellas, las personas suelen sentirse más relajadas, motivadas y con mejor humor.
El verdadero problema no radica en las actividades en sí, sino en la falta de disposición y disciplina de quienes deberían realizarlas. La pereza y el sedentarismo afectan no solo al estudiante, sino también a los docentes encargados de impartir los talleres, quienes dependen de la participación de los alumnos para mantener su labor y sustento.
Por esta razón, es fundamental concientizar a niños y jóvenes sobre la importancia de involucrarse en actividades extracurriculares desde temprana edad. Aunque en el momento no parezcan necesarias, en el futuro pueden resultar decisivas, especialmente al elegir una carrera universitaria o definir un camino profesional.
Lo más valioso de las actividades extracurriculares no es únicamente el aprendizaje académico, sino la oportunidad de relajarse, socializar, fortalecer la memoria y mejorar el estado de ánimo.
Estas experiencias permiten desarrollar un aprendizaje didáctico y activo, donde los estudiantes interactúan con otras personas, se divierten y se preparan mejor para el futuro.