La verdad del liderazgo escolar

Por: Stephanie Gutierrez (1ero A)

Cuando escuchamos la palabra "líder" en el colegio, lo primero que se nos viene a la mente suele ser el Brigadier General, el Presidente del Consejo Estudiantil o quizás el chico más popular del salón. Pero, ¿es eso realmente el liderazgo? Si miras bien en los pasillos, en el kiosco o en las canchas durante el recreo, te darás cuenta de que el verdadero liderazgo no siempre lleva una insignia dorada en el pecho.

Como estudiante de secundaria, veo que nuestra generación está cambiando las reglas. Ya no buscamos jefes que nos griten qué hacer; buscamos compañeros que nos inspiren a hacer cosas increíbles.


¿Qué se necesita realmente para ser un líder escolar?

Muchos creen que se necesita un promedio de 20 o ser el mejor en deportes, pero la "receta" para liderar va mucho más allá de las notas. Aquí está lo que realmente cuenta:

1. Empatía antes que autoridad Un buen líder no es el que manda, es el que entiende. Es esa compañera que se da cuenta de que alguien está solo en el almuerzo y lo invita a su mesa. Es saber ponerse en los zapatos del otro antes de juzgar. Sin empatía, no hay equipo, y sin equipo, no hay líder.

2. La valentía de proponer (y de equivocarse) Levantar la mano cuando nadie más lo hace da miedo. Proponer un torneo de videojuegos, una campaña de reciclaje o pedir que arreglen los baños requiere valor. El líder escolar es el que dice: "¿Y si intentamos esto?", aunque exista el riesgo de que salga mal.

3. Escuchar más de lo que se habla A veces pensamos que el líder es el que tiene el micrófono todo el tiempo. Falso. Los mejores líderes de mi salón son los que escuchan las ideas de los más callados y dicen: "Oigan, la idea de Juan está genial, hagámosla". Dar voz a los demás es el superpoder más infravalorado.

4. Pasar de la queja a la acción Todos somos expertos en quejarnos: "La comida está cara", "El internet es lento". El líder es el que deja de quejarse y empieza a buscar soluciones. Organiza, habla con los profesores y busca la manera de cambiar esa realidad.

¿Por qué importa ahora?

La secundaria no es solo un trámite para llegar a la universidad; es nuestro campo de entrenamiento. Si aprendemos a liderar ahora —organizando un baile, ayudando a un amigo con matemáticas o defendiendo una causa justa—, estaremos listos para enfrentar el mundo real.

No necesitas un cargo, ni una banda cruzada en el pecho, ni ser el "popular". Solo necesitas ganas de ayudar y la decisión de hacer que las cosas pasen.

Así que, la próxima vez que pienses que el liderazgo no es para ti, recuerda: si alguna vez ayudaste a alguien a ser mejor, ya eres un líder. ¿Te animas a tomar la iniciativa?




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