El peso del amor en mentes que aún crecen

Por Thiago Guzman 1B

Los jóvenes sienten necesidad de afecto, de cariño y de sentimiento de importancia. Dentro de la dimensión emocional, son muy dependientes de las cosas que los rodean: algún peluche, canción con la cual identificarse o libro con valor sentimental, y, en otras ocasiones, de una persona.

Esto ocurre con todos y cada uno de ellos, pues por más maduro que uno sea, los seres humanos somos seres sociables y necesitamos de los demás. Los romances, noviazgos, enamoramientos, etc., se deben a que estos dependen del otro emocional y sentimentalmente. Es tanto el cariño que a veces le tienen que lo entregan todo sin pensar en las consecuencias, generando un daño que impacta en la mente de ambos: una por sentirse bien y creer que siempre se va a sentir así sin importar lo que ocurra, y la otra por no recibir nada a cambio. Una entrega todo lo que tiene y la otra no da nada.

Como dije, pasa en los púberes y jóvenes de entre doce a diecisiete años, pues no están totalmente formados en su madurez; aún no entienden que toda acción, por más buena que sea, tiene consecuencias severas, mayormente más fuertes que lo que las comenzó. Incluso, tomando en cuenta que actualmente la tecnología influye mucho más eficazmente en los jóvenes que sus propios compañeros, podemos decir que su concepto de “amor” es erróneo, y al ser este un sentimiento muy complejo para la vaga mente de unos niños, por más que uno crea que sí, no lo entienden totalmente.

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Ahora, yendo más específicamente al tema, la autodestructividad, es curioso cómo estas dos ideas son prácticamente contradictorias: una hablando de cariño y otra del dolor. Los jóvenes no están preparados para recibir una ruptura de manera madura; se aferran a la otra persona sin pensar en el daño que se hacen a sí mismos. No son capaces de soportar una idea como esa y, sin pensarlo, se engañan a sí mismos. Y esto, cuando llegue al punto en el que el cerebro no pueda soportar un estrés tan grande, explotará: se provocarán un inmenso daño que muy seguramente no podrán soportar. Existen ya varios casos en los que jóvenes se suicidan por no poder soportar esta idea, prefiriendo la muerte a la vida con dolor. Piensan que su pareja es lo que hace que sus vidas estén “vivas”; prefieren morir a estar vivos sin “vivir”.


Y es que, claro, aún no están totalmente aptos para saber regularse. Una inmadurez como esa es lo que los hace ingenuos, siendo manipulables psicológicamente en las conocidas relaciones “tóxicas”, y que, a duras penas, se les puede considerar una relación amorosa, donde aquel que hace mal al otro es una pistola que siempre tiene balas y aquel al que le disparan ansía aun así no separarse de esta por más daño que reciba.

Inmadurez y pubertad son palabras que siempre están relacionadas, al ser la última una etapa de cambios en la persona. Por ello, no aceleremos un proceso tan importante, pues es casi seguro que va a salir mal. Hay que vivir la adolescencia así como se vivió la niñez y se vivirá la adultez. Disfrutando del tiempo que uno tiene y no desaprovechando este en pasar tiempo con otra persona que, tarde o temprano, es casi seguro que se olvidará. Hay que ser conscientes de que la juventud no es solo de amoríos y romances; también es cuando podemos disfrutar más con las personas, compañeros y familiares.


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